PEQUEÑITOS
Nuria tiene cuatro niños preciosos. Ella no se da cuenta pero su casa parece un cuento de hadas, llena de pequeños saltarines y de colores pastel. La rutina nocturna de Nuria (niños que se duchan o no quieren ducharse, que saltan en la cama y guerrean a la hora de cenar) para mi es un regalo. El Lunes estuve allí, por sorpresa, y fue como un masajito en mi corazón a veces perdido en esta ciudad distante de todo.
Ana se baña con Joan y los dos asoman la cabeza por la cortina, sonríendo, cada vez que entro a saludarles (y lo hice tres veces, porque es muy divertido verlos ahí, encantados del paso del tiempo bajo el agua). Andrea nos enseña en el ordenador las fotos de sus compis clase, y comentamos como es cada uno, y que un tal Aitor es malo malísimo. Gabriel me provoca hablándome de fútbol y me hace preguntas que sabe que no se responder. Creo que ya sospecha que es más listo que yo.
Luego nos juntamos todos, y en mi honor ponen el Hit de Maria Isabel (por andaluza) y cantamos y bailamos y saltamos en el dormitorio de Nuria al grito de "¡antes muerta que sensilla!". Yo bailaba y me reía y me parecía que era la más pequeña de los cuatro.
No es cuestión de instinto maternal ni de reloj biológico (de que esas cosas no existen creo que al fin Maya me convenció), es que es una suerte que Nuria me deje entrar de vez en cuando en ese mundo denso y dulce de niños felices, del que disfruto sin pagar las facturas, ni la rutina, ni el cansancio, ni lo malos momentos.
Pequeñitos. Es un lujo gigante.
Ana se baña con Joan y los dos asoman la cabeza por la cortina, sonríendo, cada vez que entro a saludarles (y lo hice tres veces, porque es muy divertido verlos ahí, encantados del paso del tiempo bajo el agua). Andrea nos enseña en el ordenador las fotos de sus compis clase, y comentamos como es cada uno, y que un tal Aitor es malo malísimo. Gabriel me provoca hablándome de fútbol y me hace preguntas que sabe que no se responder. Creo que ya sospecha que es más listo que yo.
Luego nos juntamos todos, y en mi honor ponen el Hit de Maria Isabel (por andaluza) y cantamos y bailamos y saltamos en el dormitorio de Nuria al grito de "¡antes muerta que sensilla!". Yo bailaba y me reía y me parecía que era la más pequeña de los cuatro.
No es cuestión de instinto maternal ni de reloj biológico (de que esas cosas no existen creo que al fin Maya me convenció), es que es una suerte que Nuria me deje entrar de vez en cuando en ese mundo denso y dulce de niños felices, del que disfruto sin pagar las facturas, ni la rutina, ni el cansancio, ni lo malos momentos.
Pequeñitos. Es un lujo gigante.
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el guerrero del antifaz -